Qué cualidades necesitamos para ser un buen Director de Proyecto

No es fácil responder a esta pregunta. Hace unos años habría contestado con un simple: formación y experiencia. Pero con la perspectiva de los años, te vas dando cuenta que, aunque es imprescindible gestionar proyectos para convertirte en un buen Director de Proyecto, esto no es suficiente: la formación y la experiencia es condición necesaria pero no suficiente. Entonces, ¿que más hace falta?

Un buen Director de Proyecto tiene que tener una serie de cualidades, más allá de las típicas identificadas en todos los libros de gestión (liderazgo, negociación, trabajo en equipo, comunicación,..), de las que destacaría las siguientes:

  • Adaptabilidad. Hay que saber cuando tener mano izquierda pero también “mano derecha“. El consenso está bien, y tiene que intentar buscarse siempre dentro del equipo de proyecto, pero en caso de no llegar a un punto de encuentro alguien tiene que tomar el mando y asumir la responsabilidad de tomar decisiones y asumir las consecuencias.
  • Delegación. Siempre comparo a un Director de Proyecto como un malabarista que tiene que mantener en el aire varios elementos a la vez (alcance, tiempo, coste, riesgos,…) y a medida que los proyectos son más grandes esa labor se complica más. Por eso es necesario que un Director de Proyecto sepa delegar lo secundario, para fijar la máxima atención en lo prioritario. Muchas veces nos perdemos en detalles nimios, que nos distraen de lo verdaderamente importante, y un buen Director de Proyecto tiene que tener la habilidad de distinguirlo. Si no delegamos bien, podemos caer el error de lo que yo llamo “sobrevolar el proyecto” y perder el control del mismo. Tenemos que saber combinar la capacidad de sobrevolar sobre algunos aspectos del proyecto, pero enfangarnos en los realmente importantes. Esta faceta tiene la ventaja añadida de hacer equipo y permite hacer crecer a tu propio equipo con un riesgo contenido.
  • Sentido Común, en la toma de decisiones. Aunque ya se sabe que muchas veces el sentido común es el menos común de los sentidos, a menudo nos complicamos la vida innecesariamente, perdiendo la perspectiva aplicando soluciones complejas a problemas sencillos. Aquí siempre recomiendo aplicar la frase “BE SIMPLE MY FRIEND!”, o si nos ponemos más científicos, debemos aplicar siempre la teoría de la Navaja de Ockhan: “por lo general la solución sencilla suele ser la correcta”.
  • Saber Reutilizar. A veces se pierde la noción de donde estamos y, sobre todo en los perfiles más técnicos, nos encanta estar constantemente reinventando la rueda para satisfacer nuestro ego, con independencia del tiempo que nos lleve. Si algo ya está hecho, aprovechalo, reutilizalo y deja a un lado la vanidad (no siempre podemos crear algo nuevo).
  • Ser un camaleón, en el sentido de saber ponerse en cada momento en la piel del cliente, del usuario, de tu equipo incluso de tu empresa (dirección, accionistas) para saber responder de forma adecuada en cada situación, sobre todo desde el punto de vista de la comunicación. No es lo mismo saber que hay que comunicar, que conocer qué es lo que hay que comunicar y a quién.
  • Y por último, y no menos importante, saber aguantar la soledad. Tu equipo de reclamará, tu cliente te exigirá, la dirección de tu empresa te presionará,… y eso, muchas veces, no es fácil de llevar. En mi opinión el Director de Proyecto, junto con el perfil de Gerente, es de los perfiles más “solitarios” y muchas veces más desagradecidos dentro de una organización. Muchas veces te sentirás como un “Punch” (esos sacos de boxeo al que todo el mundo golpea para descargar sus frustraciones) y tendrás que sobreponerte (incluso buscando tu propio Punch).

En definitiva, aunque podríamos pensar que un Director de Proyecto es como un buen vino que mejora con el paso del tiempo, no siempre es así y, al igual que con los vinos, “la receta” tiene que tener algún ingrediente más.

Aunque este post fue publicado originalmente el 27/08/2011 en LiderarProyectos, creo que sigue completamente vigente.

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cgjardon

Soy informático de formación y formador de vocación. Mi primer acercamiento como profesional fue en el ámbito de la formación, hecho que marcó mi carrera profesional. Posteriormente di el salto al mundo de la consultoría informática donde he desarrollado mi actividad profesional. Inconformista, proactivo y abierto a nuevas ideas, he continuado mi formación cursando el Master Executive por ICAI/ICADE y obteniendo la certificación PMP® por el Project Management Institute (PMI®). Además de desempeñar mi actividad profesional, lidero la iniciativa de creación del capítulo gallego del PMI® (http://www.pmi-galiciachapter.org)

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